Blanco, rosado, tinto, dulce… Los vinos del Empordà son unos de los más conocidos de nuestro país. Con una tradición vinícola que se remonta a la época de los griegos, son todo un referente en el sector. Pasado y presente se unen a través de sus excelentes viñas para ofrecernos un sabor dulce, único y atemporal. Por ello, desde Labois hemos querido conocer este apasiónate proyecto que reúne cultura, paisaje y gastronomía.

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Vinos con identidad

Desde hace siglos, la historia del Empordà va ligada a la producción del vino. Junto a los cereales y las oliveras, las viñas han formado parte de su paisaje y tradición. Su cultivo abarca desde la frontera con Francia hasta el sur de la Costa Brava. El perfeccionamiento de las técnicas de cultivo y la apuesta por variedades locales ha permitido desarrollar un amplio abanico de variedades y sabores.

Muestra de este pasado lo encontramos en el paisaje, sobretodo en el Alt Empordà. Todavía son visibles las terrazas excavadas en las montañas de las Alberes para ganar más terreno para ese cultivo. De esta manera, se transformó y multiplicó la zona destinada a la vid, llegando a veces hasta la cima de la montaña. Por desgracia, la plaga de la filoxera supondría un duro golpe para la región del que no se recuperaría hasta finales del s.XX y solo parcialmente. Por ello, el reconocimiento de Denominación de Origen el 1975 supuso un impulso decisivo para reactivar el sector, hasta entonces aletargado.

Hoy el Empordà es un espacio vivo que ha sabido recuperar el vino como símbolo de identidad. Actualmente, 52 bodegas trabajan bajo el sello DO Empordà, sumando una superficie de 1.786 hectáreas dedicadas. La producción media anual se sitúa entorno los 65.000 Hl, de la que el 15% se destina a la exportación internacional. Son cifras considerables, sobre todo teniendo en cuenta la alta competencia del sector y la proximidad de otras denominaciones como Penedés o Priorat.

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Sabores que enamoran

Bajo el sello Empordà encontramos una amplia variedad de sabores y variedades. En cifras globales, el 60% de la producción corresponde a vino tinto, 19% a blancos, 17% a rosados y solo el 4% a vinos dulces. Por el contrario, los vinos de esta zona son justamente conocidos por la producción de Garnatxa y Moscatell. Se trata de vinos muy dulces, muy recomendables como postre.

Entre los más de 200 viticultores que agrupa esta denominación, encontramos una gran diversidad de productores. Por ejemplo, el Castell de Calonge destaca por ser una pequeña bodega que elabora producciones muy limitadas. Esto les permite ofrecer un vino original y de gran calidad, siguiendo métodos ecológicos tradicionales.

Por otro lado, el Celler Hugas de Batlle nos presenta un proyecto de recuperación vinícola, respetuosa con el entorno y la tradición. Cuenta con viñas plantadas en terraza a partir de 2002 en el interior del término de Colera. Es un paraje excepcional, de caras al mar, y donde se cultivan variedades de alta calidad.

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Enoturismo de calidad

La reactivación de los vinos del Empordà va muy ligada a su historia, pero también a su presente. En los últimos años, la Administración pública, las entidades locales y las propias bodegas han tejido una red de enoturismo de calidad. La coincidencia de la Costa Brava y la proximidad de los Pirineos hacen de esta zona un espacio turístico estratégico. Así, encontramos rutas desde casi todos los puntos turísticos, que conectan con museos, pueblos con encanto, espacios históricos e incluso playas.

Por otro lado, muchas bodegas ofrecen actividades abiertas al público, muchas de ellas gratuitas. Así, podremos conocer de primera mano cómo elaboran el vino, asistir a catas o incluso participar en las vendimias. En algunos casos, como la cooperativa Empordàlia de Vilajuïga, también podremos degustar productos locales. Aquí también encontraremos el aceite de Pau, elaborado en el mismo municipio. Al igual que los vinos, es de alta calidad y podemos adquirirlo a un precio bastante atractivo.

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Sin duda, los meses de agosto, setiembre y octubre son los mejores para visitar esta zona. Son los meses de vendimias y de mayor actividad. Con la llegada del otoño los campos de viñas adquieren tonos marrones y rosados antes de perder las hojas. Todo un espectáculo para la vista.

Por otro lado, en Figueras (capital del Alt Empordà) tiene lugar la feria anual de la “Mostra del Vi”. Tiene lugar la primera o segunda semana de setiembre y acoge la mayoría de productores de esta zona. Es una buena ocasión para conocer y probar estos vinos y animarse a hacer alguna de estas rutas.

Si quieres conocer más información acerca de las bodegas, no olvides visitar la web del Consejo Regulador Denominación Empordà.

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Nos vemos en el próximo post 😉