En los últimos años es probable que hayas sentido hablar alguna vez del Wabi Sabi. En cerámica, decoración, carpintería,… sus aplicaciones van más allá de los materiales y lo encontramos en múltiples ejemplos. Se trata de concepto Zen de origen japonés que busca la belleza en la imperfección y representa un estilo de vida.

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Wabi sabi: una filosofía de vida

 No hay una definición exacta de que es él Wabi Sabi. Sabemos que es un concepto que nace en el Japón del s.XVI, seguramente como reacción a la perfección y fastuosidad china de la misma época. Tradicionalmente, se ha asociado su origen con la historia de Sen no Rikyū, uno de los personajes de mayor influencia en la ceremonia del té japonesa. La anécdota cuenta que el joven Rikyū quería aprender los rituales de la ceremonia del té. Para ello, acudió al gran maestro Joo, quien lo puso a prueba. Le ordenó recoger todas las hojas del jardín, tarea que Rikyū realizó con gran esfuerzo. Al acabar, el jardín estaba totalmente limpio cuando el joven golpeo un cerezo para que cayesen algunas hojas al suelo. El maestro Joo, impresionado, acogió al joven.

A partir de aquí, el concepto irá ligado a la filosofía budista Zen, pero con una definición ambigua. Esta ambigüedad es la que ha permitido mantener y perdurar durante siglos la magia que rodea el Wabi Sabi, llegando a ser algo casi sagrado. Irá ligado a principios espirituales, pero no se enseñará ni en libros ni escuelas, sino a través de las emociones. De esta manera, se ha conseguido reducir interpretaciones erróneas, manteniendo sus cualidades misteriosas, de generación en generación.

Desde la perspectiva etimológica. Wabi equivale a vivir en soledad, mientras que Sabi se podría traducir como marchitado, frío. Obviamente, el significado va más allá, pasando de  concepto a un estilo de vida. Vivir apartado de la sociedad, buscar la esencia en la pobreza y la aceptación de la mortalidad definen algunos rasgos.

Uno de los punto clave lo encontramos en la estética. Mientras en Occidente la belleza clásica se ha representado como algo racional, monumental e imperecedero, la tradición japonesa ha sabido integrar lo irracional. En este punto, se acerca más al romanticismo inglés. Así, el Wabi Sabi afirma que es posible encontrar belleza en la fealdad. Se rebela contra las formas uniformes, poniendo en valor la fragilidad y el defecto como partes de la vida. Lo provisional, lo efímero y lo oculto cierran el círculo de esta manera de entender la belleza.

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El Wabi Sabi aplicado al arte

Desde sus orígenes, el Wabi Sabi quedará reflejado en la cerámica, la jardinería o la ceremonia del té. Un ejemplo lo encontramos en el Kintsukuroi, una técnica japonesa que permite reparar piezas de cerámica rellenando sus grietas con oro o plata. Así, los defectos se acentúan, conectando con las ideas de resilencia y la capacidad de sobrevivir.

La cerámica continua siendo una de las artes que mejor representa esta filosofía. En Japón, sigue siendo común que las piezas de cerámica más perfectas sean las más asequibles. Por el contrario, son aquellas más rústicas, incompletas o irregulares las más caras. Estas ilustran el saber hacer se los artesanos y son testimonio de la condición humana.

En Occidente, el Wabi Sabi se ha planteado como una alternativa a la producción industrial en serie. Más cercano a lo artesanal, ha abierto las puertas a una manera diferente de entender los objetos que nos rodean. Se pone así en valor lo que hasta ahora se desechaba por defectuoso o impuro, dotándolo de un significado totalmente opuesto.

Un ejemplo de ello aplicado en la carpintería lo encontramos en BRZ Wood Design. Estas lámparas buscan la imperfección de los detalles para imprimir una apariencia única.

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¿Qué os ha parecido? ¿Conoceis más ejemplos de Wabi sabi?

Nosotros lo dejamos aquí. Nos vemos en el siguiente post 😉