En el corazón de la campiña francesa se encuentra Laguiole, una preciosa villa conocida mundialmente por sus cuchillos. Parada obligatoria si pasamos por Aubrac, aquí se encuentran siete talleres herederos de la tradición y el savoir-faire. Lo que en origen era una vieja forja de pastores, hoy es un patrimonio vivo que produce cuchillos para los mejores restaurantes y hogares más foodies.

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Laguiole, la Meca de los cuchillos

A más de mil metros de altura, entre prados verdes y caminos de cuento, se encuentra Laguiole. Situado al norte de la región de Aveyron, esta villa es una delicia para los sentidos. Y es que, además de un paisaje bucólico y casas de piedra con techos de pizarra, Laguiole es un referente del slow food. Aquí se encuentra el restaurante Bras, de 3 estrellas Michelin, un lugar donde se mezclan productos regionales y la magia de la nouvelle cuisine para ofrecernos verdaderas obras de arte.  Las vacas de Aubrac, el queso de Laguiole, el Aligot o las castañas son parte importante de la gastronomía local, presente en la mayoría de restaurantes y tiendas de la zona.

Pero entre los productos regionales de Laguiole, destacan los cuchillos y navajas. En un entorno rural y pastoril, eran –y son- una herramienta imprescindible en los trabajos del día a día. Por ello, desde tiempos ancestrales, esta zona ha producido cuchillos y navajas para abastecer la demanda local. Parte de ese pasado está estrechamente relacionado con España. Y es que a principios del s.XIX, en un contexto en que Aubrac había poco trabajo, algunos jóvenes emigraron a Andalucía para aprender cómo se elaboraban las navajas. Allí adoptaron la técnica y volvieron a Francia para perfeccionarla. De hecho, la navaja tradicional de Albacete y la de Laguiole conservan todavía cierta similitud.

La especialización y perfeccionamiento de las técnicas de fabricación, así como la orientación a otros mercados nacionales, ha permitido desarrollar cuchillos de Laguiole con un diseño exquisito y una marca protegida, reconocida en todo el mundo. La talla de una abeja pequeña situada en la unión entre la hoja y el mango es su sello identificativo, común en todas las fojas de Laguiole.

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Una verdadera joya gourmet

El cuchillo de Laguiole es uno de los más difíciles de realizar. Su mecanismo con hoja plegable obliga a forjar diversas piezas por separado y después unirlas para conseguir un ensamblaje perfecto. Es un proceso lento que requiere precisión milimétrica, pero solo así se consiguen un cuchillo único. Ello también permite trabajar a pequeña escala y ajustarse a las necesidades del mercado. Así, hoy podemos encontrar cuchillos tradicionales con mango de madera o asta, de diseño vanguardista, de coleccionista, con metales preciosos, materiales exclusivos (marfil de mamut o con un trozo de la Torre Eiffel), personalizados… Cada forja consigue así hacerse un hueco en el mercado, sin competir únicamente en el precio.

Otro ejemplo de la adaptación al mercado de este producto artesanal es la variedad de aceros. Actualmente, los tres más comunes son: el acero al carbono (XC75), el original aunque tiene tendencia a oxidarse; el acero inoxidable de alta gama (12c27 y 14c28) y al damasco. De esta manera, junto con el diseño y tipo de mango, es posible ofrecer un amplio abanico de medidas y acabados, aptos para todo tipo de clientes. Para ganaderos, restaurantes (existe toda una gama de utensilios para la mesa), aventureros o coleccionistas… cada cuchillo es único y se fabrica con mimo y cuidado para ser 100% funcional. Ello aporta un valor añadido en calidad y uso, respetando siempre las técnicas tradicionales.

Ante tanta variedad, es difícil decidirse. Una de las mejores maneras quizás sea a través de los sentidos.  El olor de la madera de ébano o sándalo, el tacto del mango entre los dedos, los detalles de la decoración de la hoja,… Cada taller y cada tienda nos ofrecen un escenario sensorial privilegiado donde las impresiones pueden ayudarnos en nuestra elección.

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Tradición y el savoir-faire

Si te gusta tanto la artesanía como a nosotros, no puedes perderte las vistas guiadas a las forjas. La mayoría de talleres de Laguiole abren sus puertas para dar a conocer sus productos y sus métodos de elaboración.

Si solo tienes tiempo para una, te recomendamos la Forja de Honoré Durand. Se trata de una forja familiar, con mucho encanto, donde podemos ver in situ como elaboran los mejores cuchillos de Laguiole. La entrada es gratuita y podrás ver en primera persona las tareas de pulido y rematado final de los cuchillos o entrar en el interior de la fábrica. Además, cuentan con un museo que recoge un sinfín de herramientas tradicionales utilizadas en una forja. Su tienda es una de las más completas, donde podemos encontrar desde  navajas tradicionales hasta cuberterías, pasando por piezas de coleccionista, tijeras o piedras de afilar. Sin duda, una parada obligada para todos los amantes del handmade :)

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Si te ha gustado este post y quieres saber más sobre Aveyron, no te pierdas nuestro post sobre otro de los productos típicos de ésta región de Francia: el queso Roquefort.