Dedicarse a la artesanía es todo un reto. Trabajar y elaborar productos con las manos, diseñar con mimo cada una de las piezas, definir tu estilo…. Es sin duda una experiencia que recomendamos a todas las personas, incluso a aquellas que no quieran dedicarse de manera profesional. Pero aunque seas el mejor en lo tuyo, es probable que no consigas vivir de ello. Por este motivo, hoy queremos dedicar este post a los errores comunes en la artesanía y cómo evitarlos.

errores comunes cuales son y como evitarlos

Errores comunes en la artesanía

 – Falta de planificación

Empezar en el mundo de la artesanía requiere, como cualquier empresa, planificación. Es probable que tu producto ya lo fabrique alguna multinacional o que incluso otros artesanos reconocidos estén especializados en su elaboración. La cerámica, mermeladas, cuchillos, joyas, bolsos o cinturones de piel son productos de consumo masivo, en los que existe una competencia feroz. ¿Cómo vas a hacerte un hueco en el mercado? Desde una perspectiva general o estadística, se podría pensar que es una utopía poder dedicarse a la artesanía y conseguir suficientes clientes como para poder mantener la actividad. La realidad pero, puede ser muy distinta.

De entrada, debes asumir que un producto hecho a mano será siempre más caro que uno elaborado en serie. Más allá de cómo fijar los precios, es importante que tengas claro qué valores vas a transmitir a tus productos o servicios. Es en ese valor “extra” donde deberás centrarte ya que te permitirá ofrecer a tus clientes un atributo único, no copiable. Y para ello debes planificarte y, sobre todo, fomentar la comunicación.

– Poca o nula promoción

La mayoría de empresas dedicadas a la artesanía son unipersonales. Ello se traduce en que el artesano o artesana es el único jefe/empleado, lo que supone concentrar todas las tareas. Diseño, elaboración, supervisión, administración, contabilidad,… Para reducir costes o tiempo, es frecuente caer en el error de dejar la promoción para más otro momento o incluso ignorarla. Quizás hace unos siglos, donde existían gremios que monopolizaban los oficios, no era necesario promocionarse ni publicitarse ya que los clientes no tenían alternativas. Hoy, no hacerlo es el camino más rápido hacia la muerte prematura de la empresa. Y sin duda, lidera el ranking de errores comunes.

Para promocionarte, no es necesario destinar grandes sumas de dinero. El primer paso, es perder la vergüenza.  Puedes empezar con abrir un perfil en Instagram o en otras redes sociales en las que creas que puedes encontrar un público afín. Aquí podrás contactar con otros makers, inspirarte o conocer las últimas tendencias y modas. Para ello, es importante demostrar una actitud dinámica y abierta, así como deberás comprometerte a subir contenido de calidad y no puramente publicitario.

Si ya tienes presencia en alguna red social, el siguiente paso es plantearte si necesitarás una web propia. Existen muchas plataformas, pero si buscas algo práctico sin invertir mucho en programación lo mejor es WordPress o Wix.

Además de la comunicación online, procura transmitir tu saber hacer al plano offline. Elabora tarjetas de visita acordes con tu estilo de producción. Cada tarjeta es una carta de presentación para empresas y particulares ¡aprovéchala para ser original y captar su atención!

 En una segunda fase, puedes valorar realizar algún catálogo, así como anunciarte en canales como revistas, diarios, radio, boletines, gremios, asociaciones,… Puedes tirar de algún contacto o elaborar notas de prensa si presentas alguna novedad. Como dijo una vez Picasso “lo difícil en el arte no es pintar un cuadro sino venderlo”.

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– Baja autoestima

Los artesanos y artistas son de naturaleza sensible. De aquí nace la belleza de sus obras: un cúmulo de emociones, recuerdos, pruebas, dedicación… y nervios, muchos nervios e inquietudes. Y es que el esfuerzo creativo suele ir acompañado de una baja autoestima. ¿Les gustará lo que hago? ¿Alguien se fijará en mi producto? ¿Lo entenderán?

En estos momentos, es importante parar y tomar distáncia, de lo contrario acabarás frustrado o quemado. Es probable que lo que ahora ves como algo feo, mañana no te lo parezca tanto. Los gustos son así. Por ello es tan importante que centres tu atención en el promocionar tus productos y en dejar claro que aportaran a tus clientes. Lo importante no es lo que vendes, sino como puede mejorar o ayudar la vida de tu cliente.

Y si una taza sale algo más inclinada que las demás o la mermelada tiene un punto más dulce que las otras, puede ser una ocasión para averiguar si les gusta más o menos a tus clientes. Solamente tú sabes cómo debería haber quedado. Para el resto de personas, el producto tiene el aspecto que su autor le ha querido dar.

– No aprovechar la primera impresión

Como en todo, la primera impresión es crucial. Ofrecer un aspecto limpio, nuevo y cuidado es básico, pero además, debemos contar con una buena presentación. En nuestro era, cada vez más digital, disponer de buenas fotos y videos es vital. Es una vía ineludible para ofrecer un aspecto profesional, empezando por las redes sociales. Invierte en equipos de fotografía de calidad, así como en un smartphone que te permita estar a la altura fuera del estudio o en situaciones imprevistas (por ejemplo, en un selfie con un cliente satisfecho). Si el aspecto en general no es bueno y la fotografía poco nítida, lo más seguro es que estés dando una mala imagen.

Lo mismo podemos aplicar al stand, a la web o los catálogos. Toda la comunicación debe ofrecer el mismo estándar de calidad y estilo, dejando claro que tu producto es exclusivo y que cada pieza esta mimada al máximo. Haz de ti y tu proyecto algo deseable.

– Nicho de mercado poco definido

¿Quién comprará tu producto o servicio y por qué? Es una pregunta clave para toda empresa, pero a la que no siempre nos atrevemos a responder. Aquí no hay lugar para suposiciones u opiniones de familiares y amigos. Debemos ser objetivos y escuchar a nuestros clientes. Como dijo una vez Romeo Soler, fundador de Labelfree, “no un puedes enamorarte de tu proyecto”. Ante todo, debes detectar que necesita tu clientela, estar atento a las nuevas tendencias y tener un ojo puesto en la competencia. Debes ser capaz de dejar el ego a un lado y poder reconducir tus obras o incluso tu estilo.

Además de escuchar a tus clientes, es importante que te preguntes si estás vendiendo en el sitio indicado. ¿Si quieres vender mucho y te preocupa poco el margen, cuentas con suficientes puntos de venta? ¿La feria a la que asistes está pensada para personas que van a dar un paseo y pasar el rato o está enfocada a un target concreto? ¿Si tu producto es de lujo y buscas margen, estás en un círculo de alta gama?

Sea como sea, si eres artesano y quieres dedicarte a ello, deberás tener claro que tus clientes no solo compran tu producto, compran parte tu espíritu y tu saber hacer. Si eres capaz de evitar estos 5 errores habrás conseguido estas más cerca de tu objetivo. Además, conseguirás hacer a tus clientes más felices y que estén satisfechos.

Nosotros lo dejamos aquí. Y tú ¿conoces otros errores comunes en la artesanía profesional?

Nos vemos en el próximo post 😉