Al sur de Francia se esconde un tesoro natural: Aveyron. Se trata de una de una extensa campiña de contrastes e increíble belleza. Entre prados verdes, bosques de cuento, granjas de piedra y villas medievales se esconden algunos de los mejores artesanos de este país. Nosotros hemos ido a buscarlos.

Aveyron, slow food y handmade

El viaducto de Millau nos abre las puertas a Aveyron. Su espectacularidad promete y mientras lo cruzamos, nos damos cuenta de que no estamos ante una región cualquiera. Aquí se encuentran muchos pueblos reconocidos como les villages plus beaux de france. Desde el principio, el equilibro entre tradición y modernidad será uno de los signos de esta comarca.

Claro ejemplo es Millau, la primera gran ciudad y donde se encuentra la maison Causses Gantier, la centenaria manufactura del cuero. Sus guantes son conocidos en todo el mundo por su calidad, diseño y elegancia. No es de extrañar que entre sus clientes este la firma Channel o el propio Karl Lagerfeld. Vale la pena acercarse hasta la tienda y entrar en la sala de exposiciones para conocer el secreto de su éxito.

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Millau se sitúa en pleno corazón de Larzac, una pintoresca región donde piedras y arbustos copan un paisaje seco y pastoril. A pocos kilómetros se encuentra Roquefort-sur-Souzon, parada obligada para amantes del queso y del slow food. Date el lujo de visitar alguna de las 7 queserías que producen el mítico Roquefort y probar in situ uno de los mejores quesos azules del mundo. Descubrías que su sabor, poco o nada tiene que ver con el del super. Si estás de vuelta, puedes hacerte con una cuña o un pan (como llaman a un queso entero) en alguna de las tiendas que tienen las propias factorías. Te recomendamos la empresa familiar Papillon. Es la única que elabora su propia penicilina de manera natural y su Roquefort es un vivo ejemplo del compromiso con los productores locales.

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Pero si solamente tienes tiempo para visitar una de las villas de Larzac, La Couvertoirade es la mejor opción. Fue construida por los templarios para dar protección a los peregrinos que realizaban el camino de Santiago. Hoy es un hermoso pueblo de piedra, repleto de artesanos y restaurantes. Julio y agosto son los meses de mayor afluencia y actividad, pero siempre es un placer pasear por sus calles, donde la historia ha imprimido su sello en cada rincón.

Aubrac y la pradera verde

Al norte de Aveyron se encuentran las altas tierras de Aubrac. Es otros de los imprescindibles de Aveyron y su paisaje no os dejará indiferentes. Colinas verdes y frondosos bosques de castaños cubren esta meseta volcánica. Atrás queda el paisaje seco y cálido para dar paso a uno totalmente contrario. Aquí es donde se crían las famosas vacas de Aubrac, una delicia para los más foodies. En este entorno rural, es fácil encontrarlas paciendo en la extensa pradera. Solamente el alambre de espino separa, abruptamente, la carretera del campo. Aquí las vallas son una constante y es una lástima que no existan demasiados sitios donde poder parar, hacer picnic o practicar trekking.

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En otoño, el paisaje enrojece y los pueblos quedan ocultos bajo la cortina de niebla entre montañas. Es buena ocasión para sacar algunas fotos de madrugada, cuando la luz esculpe cada silueta y el paisaje se abre a un nuevo día.

Laguiole es una de las villas más importantes de Aubrac, conocida mundialmente por sus cuchillos. Vale la pena perder la timidez y entrar en una de las forjas para conocer a sus artesanos. Su dominio del acero es impresionante. Cada cuchillo es una pieza única, elaborada a mano y aprenden a realizarlos con una técnica que pasa de generación en generación.

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Pero Laguiole nos ofrece mucho más que cuchillos. Aquí también se elabora el famoso queso con el que se hace el tradicional Aligot, un plato regional que lo combina con patata y crême fraîche. Si tenéis tiempo, visitad la panadería Anne et Pascal Auriat. Realizan uno de los mejores panes y dulces de la zona. Solamente debéis seguir el olor a anís y pan recién sacado del horno para encontrarla.

Las villas del Lot

Aveyron es atravesado por el río Lot. A las orillas de su sinuoso curso se encuentran algunos de los pueblos con más encanto de esta comarca. Conques, Estaing o Espalion son las más destacadas. En verano rebosan vitalidad, pero es en otoño y primavera cuando los colores adquieren su mayor contraste. La luz cambia cada instante, dejando entrever una atmósfera cargada de magia.

Cerca de Espalion se encuentra la Abbadia de Bonneval. Fundada hace más de mil años y abandonada tras la revolución francesa, volvió a su actividad religiosa a finales del siglo XIX. Desde entonces, las monjas cistercienses que allí conviven realizan una curiosa actividad a diario: fabrican bombones y tabletas de chocolate. La visita a esta abadía es toda una aventura, pero el fin lo recompensa. Chocolate hecho a mano, con un sabor intenso y natural. Además de la imponente abadía, podéis visitar la tienda y comprar este delicioso chocolate o pasear por alguno de los caminos que recorre el valle. La frondosidad de sus bosques os impresionará.

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Nos vemos en el próximo post 😉